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PLAN DE EMERGENCIA

El doctor Pérez corre sin descanso desde hace un par de horas. La idea de construir el centro en una zona alejada, casi desértica, es muy buena en relación con su seguridad pero, en este momento, al doctor le parece una ocurrencia estúpida. Lleva dos horas huyendo del caos, de la masacre en la que su experimento se ha convertido, deseoso de encontrar un teléfono para dar cuenta de lo ocurrido al equipo de limpieza, y que no dejen rastro de lo sucedido, ni prueba alguna de que una vez allí se cometió semejante actividad en nombre de la ciencia.

No tarda mucho más tiempo en encontrarlo, y, cuando lo consigue, llama al jefe del equipo de limpieza no sin antes indagar en su bolsillo en busca de algunas monedas.

¿Sí? —pregunta la voz al otro lado de la línea.

Bermejo soy el doctor Pérez.

Doctor Pérez, ¿cómo es que no llama desde el número del centro? ¿Cómo es que ha salido? ¿Ha ocurrido algo?

Desde luego, ha habido una fuga. Un sujeto ha perdido el control y anda suelto por el centro.

Un segundo doctor —Un breve paréntesis de tiempo en el que Pérez escucha como Bermejo manda a sus hombres un código rojo–. Mis hombres ya se están movilizando doctor, en cuanto cuelgue salimos para allá.

Muy bien, ahora escuche. Es de prioridad absoluta que ningún sujeto abandone el centro, de hecho, es necesario que acaben con los quince sujetos. Deben, no obstante, permanecer los cuerpos para asegurarnos de que ninguno escapó, ¿de acuerdo?

Sí doctor, mis hombres están suficientemente preparados para luchar contra pequeños ejércitos si fuese necesario, además triplicamos su número, no obstante, me gustaría que me aclarase cuál es nivel de peligrosidad de los sujetos.

Le diría que no mucha —dice Pérez –, pero en vista de lo que ha hecho el sujeto número quince les advierto de que a lo mejor no se han enfrentado nunca a nada tan peligroso. La mayoría tiene habilidades inofensivas para otra persona, pero ese sujeto quince, no sé, no detectamos nada en él, sin embargo, su gran capacidad cerebral quizá pueda llevarle a usar telequinesia o algo así, mas solo son conjeturas.

No se preocupe doctor, le aseguro que todo esto se quedará en un susto cuando acabemos.

No, nunca será solo un susto, no solo por la cantidad de gente que ha muerto ahí abajo, también porque se habrán echado a perder cinco años de investigación. Si tenemos que volver a empezar desde el principio…

Bueno señor, mi equipo está preparado. Le dejo doctor, no podemos perder más tiempo.

Desde luego Bermejo, adiós y suerte.

El doctor Pérez cuelga el teléfono y se dirige a una gasolinera que se encuentra a varios metros de allí. Sabe que el éxito del grupo de limpieza es fundamental o, no solo su carrera estará acabada, también su vida. Por si acaso piensa en lo que ha de hacer si todo falla, si algún sujeto lograse salir a la superficie y llegase a algún núcleo urbano. Ese Víctor daría cuenta a las autoridades de la existencia del complejo, y, una vez allí, descubrirían no solo los experimentos que habían estado llevando a cabo, también la existencia del sujeto cero y, probablemente, su origen. Por ese motivo, para cubrir esa posible eventualidad, Pérez tiene que ir a la base y destruir todo lo relacionado con el sujeto cero.

DESCUBRIMIENTOS

Despierta. Abre los ojos lentamente, con trabajo. ¿Ya es la hora de ir a trabajar? No, no está en casa ¿Dónde se encuentra? Esa no es su cama, ni su habitación. De hecho, no sabe dónde está ni cómo ha llegado allí ¿Es acaso un sueño? ¿Sigue dormido todavía? Sin embargo hay un detalle que le sobresalta sobremanera, un detalle que hace que todo esto no sea un sueño sino que lo que le está pasando es muy real. Tiene las manos manchadas de sangre, y no solo las manos, la ropa e incluso las blancas paredes de la habitación están pintadas de rojo bermellón ¿Qué es lo que ha sucedido? Pero lo más impresionante de todo es que a su lado reposan los cadáveres de dos enfermeros, decapitados ¿Quién ha hecho esto? ¿Y por qué a él no le habían hecho nada? De hecho ¿cómo había permanecido dormido mientras algo así ocurría en su habitación? Confuso, desorientado, e incluso, un poco asustado, se encamina hacia la puerta abierta de la habitación. Cuando sale, descubre otra sala más grande, igualmente destrozada pero, en este caso la situación es con mucho, peor. No solo hay sangre en abundancia repartida por toda la estancia, sino que los cuerpos de otros dos enfermeros descansan en el suelo, también decapitados. Muebles destrozados y dos monitores rotos son el resto de cosas que quedan a la vista, de no ser por el hecho de que debajo de uno de los monitores, asoman unas hojas de papel cuya presencia Víctor detecta rápidamente. Dirigiéndose a ellas las coge y ojea con curiosidad pudiendo leer lo siguiente:

Sujeto: Víctor quince

Estado: Iniciado

Tratamiento: Potenciador dos veces al día

Habilidades: Ninguna apreciada

Peligrosidad: Baja

Fecha implantación de recuerdos: 17—7—2005

Víctor lee perplejo lo que parece ser su ficha de algo que no alcanza a comprender. Datos que no entiende ni puede recordar nada lo que ahí se dice. El resto de hojas recogen sus características físicas, grupo sanguíneo y un extraño nivel de compenetración cuyo valor es ochenta y cinco. No entiende nada, pero está dispuesto a averiguar que le ha sucedido. Sin más que mirar por allí y, asqueado ante la visión de los cuerpos decapitados, abre la puerta que da al pasillo central del complejo. Antes de salir asoma la cabeza, y, con miedo, mira a uno y otro lado esperando no encontrar nada. Cuando todo parece seguro y tranquilo, Víctor sale para recalar en un pasillo igualmente decorado con sangre y algún que otro cadáver yaciendo en el suelo. Víctor se pregunta qué ha podido pasar y cómo es que sigue habiendo tantos muertos por allí. Lo único que tiene claro de momento es que ha de salir de ahí, y volver a casa donde sin duda su novia le espera preocupada. Ni siquiera sabe cuánto tiempo ha pasado allí, lo último que recuerda es que volvía a casa del trabajo.

Con estos pensamientos encamina sus pasos en dirección este. Durante varios metros lo único que puede ver son cuerpos sin vida y charcos de sangre en el suelo y paredes. Entonces aparece ante él una puerta igual a la que acaba de atravesar para salir de la sala donde despertó. Curioso, decide abrirla y entrar. Lo que ve es una sala idéntica a la que hace poco ha abandonado, con la diferencia de que esta está ordenada y sin sangre y cadáveres tirados por ahí. Un cristal se sitúa enfrente y permite a Víctor ver lo que hay al otro lado de la sala. Lo que Víctor ve es a un hombre muy similar a él sentado en una cama, pensativo. Delante del cristal hay una mesa con dos monitores a semejanza de la sala anterior, como en todas las salas, donde unas hojas descansan. Víctor las coge y ojea como hizo antes leyendo lo siguiente:

Sujeto: Víctor uno

Estado: Avanzado

Tratamiento: Observación

Habilidades: Desarrollo de la vista

Peligrosidad: Ninguna

Fecha implantación de recuerdos: 14—11—2000

Confuso por lo que acaba de leer, Víctor decide abrir la puerta y hablar con el individuo de la habitación a ver si puede sacar algo en claro de todo esto. Su sorpresa es mayúscula al descubrir que el hombre que tiene enfrente es físicamente idéntico a él, su rostro, su estatura, incluso su corte de pelo es exacto. Sin embargo, no es Víctor el único sorprendido ante este hecho asombroso, ya que el otro hombre se encuentra en su misma situación. Tras unos segundos de mutuo asombro, Víctor pregunta primero:

¿Quién eres?

Mi nombre es Víctor ¿Puedo irme ya de aquí? Me dijeron que hoy me darían ya el alta.

Espera ¿Te llamas Víctor igual que yo?

Sí —responde el nuevo Víctor— ¿Te conozco? ¿Cómo es que eres igual que yo?

No lo sé. Yo estoy tan sorprendido como tú. No sé ni dónde nos encontramos, desperté hace un rato y no entiendo cómo he llegado aquí.

Esto es un centro de control de enfermedades, a mí me aislaron porque tenía un problema grave en los ojos, según me dijeron —dice Víctor uno— ¿Cómo has entrado en la habitación? Se supone que está cerrada.

No lo sé, la puerta estaba abierta y en la sala contigua encontré esto.

Víctor quince le enseña a Víctor uno el informe que acaba de encontrar al lado de los monitores y este lo lee despacio.

¿Qué es esto? ¿Habla de mí? —pregunta Víctor uno.

Eso parece. Yo encontré uno parecido en la sala de al lado de la habitación en la que desperté.

¿Y qué significa eso de Víctor uno? Yo me llamo Víctor a secas.

No lo sé, en mi informe ponía Víctor quince. ¿No te parece mucha casualidad que nos llamemos igual y seamos físicamente gemelos?

Sí, la verdad es que esto es muy sospechoso. ¿Qué crees que pasa?— pregunta Víctor uno.

No lo sé, pero si te llaman Víctor uno y a mi Víctor quince tal vez existan más personas como nosotros en otras habitaciones.

¿Insinúas que están experimentando con nosotros o algo así? Porque a mí esto de que nos pongan número me suena a algo de ese estilo.

No lo sé, pero la única manera de averiguarlo es registrando todo el recinto. Además, hay otra cosa que me preocupa.

¿De qué se trata? —pregunta Víctor uno denotando cierta preocupación en su tono de voz.

Cuando desperté encontré sangre en las paredes y a varios enfermeros muertos. Al salir al pasillo la escena se repitió. Estaba todo lleno de sangre y cadáveres.

Joder, ¿Qué ha pasado aquí?

Ni idea, yo debía estar dormido o inconsciente cuando sucedió. ¿Tú no viste o escuchaste algo?

Que va, desde aquí dentro no se puede oír nada.

Bueno —comienza Víctor quince–. Entonces lo único que podemos hacer es salir al pasillo y buscar a alguien que nos ayude.

Estoy de acuerdo, a mí esto me parece un sueño, un mal sueño.

Y que lo digas —añade Víctor quince mientras ambos abandonan la habitación y salen al pasillo central.

Yo vine por ahí —señala Víctor quince indicando el lugar del que llegó–. Lo lógico es continuar en la otra dirección, seguir el camino que empecé.

Dicho esto los dos Víctor recorren el pasillo encontrando a su paso más sangre y algún que otro cuerpo decapitado. Al rato llegan a una puerta blanca igual a las que conducen a las salas donde ellos se encontraban. La abren y entran en una sala más bien conocida por ambos ya que es exactamente igual a todas las demás. Todo es igual, incluido el informe al lado de los monitores.

Nombre: Víctor dos

Estado: Avanzado

Tratamiento: Observación

Habilidades: Regeneración de la piel

Peligrosidad: Ninguna

Fecha implantación de recuerdos: 28—12—2000

Con el informe en la mano ambos Víctor entran en la nueva habitación donde les espera un hombre físicamente idéntico a ellos. Este se sorprende, pero tanto Víctor uno como Víctor quince se asombran menos y enseguida comienzan a hablarle:

Antes de que digas nada —dice Víctor quince—, ¿Cómo te llamas?

Víctor —responde el hombre.

Joder —masculla Víctor uno–. Esto no puede ser real.

¿Qué sucede? —pregunta Víctor dos—. ¿Quiénes son ustedes? ¿Puedo irme ya? Me dijeron que podía irme hoy. ¿Por qué son idénticos a mí?

A ver, despacio —dice Víctor quince–. Vamos a aclarar todo lo que podamos ahora antes de salir de esta habitación, ¿de acuerdo?

De acuerdo —responde Víctor uno.

Sí, vale, solo quiero saber qué sucede —dice Víctor dos.

A ver Víctor —dice Víctor quince dirigiéndose a Víctor dos–. Estás aquí porque dicen que tienes una enfermedad de la piel, ¿verdad?

Sí.

¿Cómo lo sabes? —pregunta Víctor uno.

En el informe dice en el apartado de habilidades que posee regeneración de la piel.

¿Qué informe? —pregunta Víctor dos.

Víctor uno, que lleva en la mano el informe, se lo enseña, y, mientras Víctor dos lo lee, Víctor quince le pregunta:

¿Sabes si tienes esa habilidad de regeneración de la piel?

No, yo nunca he notado nada.

¿Y tú, notas algo en la vista? —le pregunta a Víctor uno–. En tu informe decía desarrollo de la vista.

No he notado nada raro. Por cierto, ¿qué ponía en el tuyo?

Ninguna apreciada, eso es lo que ponía.

Joder —interrumpe Víctor dos–. Aquí tienen todos mis datos, mi altura, mi peso, grupo sanguíneo, todo.

Sí, y me he fijado en que son los mismos que los míos en todo —añade Víctor uno–. Es como si fuésemos gemelos, clones incluso.

¿Clones? Yo no soy clon de nadie —dice Víctor dos–. Yo tengo una vida fuera de aquí, a mí nunca me han clonado. De hecho, volvía del trabajo cuando me desmayé y me trajeron aquí.

¿Eres contable? —pregunta Víctor quince.

Sí, ¿cómo lo sabes?

¿Y tienes una novia que se llama Susana?

Sí, pero…

Y apuesto a que tú me responderías lo mismo —le dice a Víctor uno.

Joder, sí, ¿cómo es posible? ¿Qué me han hecho? —pregunta asustadísimo Víctor uno.

Puede que el último punto de los informes nos aclare eso —dice Víctor quince.

¿Cuál es el último punto? —pregunta Víctor dos mientras lo busca desesperado.

Fecha de implantación de recuerdos —responde Víctor quince–. Nos han hecho algo en la cabeza, estoy seguro.

Pero aquí dice que a mí me los implantaron en el 2000 y yo llevo aquí solo tres días, en el 2000 yo estaba en…

En Italia donde conociste a tu novia, ¿verdad? —pregunta Víctor quince siendo consciente de la respuesta que va a obtener–. Y estoy seguro de que al que llaman Víctor uno también recuerda lo mismo.

Sí joder, ¿qué nos han hecho?, ¿qué somos?

Bueno —comienza Víctor quince que, de alguna manera, se ha convertido el líder de todos ellos–. Lo único que podemos hacer desde mi punto de vista es registrar hasta el último rincón de esta instalación y, si hay más como nosotros, como sugiere la numeración, liberarles y ayudarnos mutuamente a descubrir la verdad.

Tanto Víctor uno como Víctor dos asienten y reconocen que no solo es lo mejor, es lo único que pueden hacer. Una vez advierten a Víctor dos sobre lo que se va a encontrar en el pasillo, salen y continúan en dirección este.

Durante la siguiente media hora van entrando en diversas habitaciones encontrando más hombres iguales a ellos con la salvedad del número que se les atribuye en el informe. Según se encuentran a uno nuevo le cuentan todo lo que saben y parten en busca del siguiente. Víctor uno se encarga de recoger todos los informes y de llevarlos consigo por si pueden llegar a ser de alguna utilidad. Los informes encontrados son los siguientes:

Nombre: Víctor tres

Estado: Avanzado

Tratamiento: Observación

Habilidades: Memoria ilimitada

Peligrosidad: Ninguna

Fecha implantación de recuerdos: 2—3—2001

Nombre: Víctor cuatro

Estado: Avanzado

Tratamiento: Observación

Habilidades: Desarrollo del oído

Peligrosidad: Ninguna

Fecha implantación de recuerdos: 8—6—2001

Nombre: Víctor cinco

Estado: Avanzado

Tratamiento: Pruebas de habilidad

Habilidades: Cambio temperatura corporal

Peligrosidad: Baja

Fecha implantación de recuerdos: 20—9—2001

Nombre: Víctor seis

Estado: Desarrollo

Tratamiento: Pruebas de habilidad

Habilidades: Elasticidad de los huesos

Peligrosidad: Baja

Fecha implantación de recuerdos: 5—5—2002

Nombre: Víctor siete

Estado: Desarrollo

Tratamiento: Observación

Habilidades: Desarrollo del olfato

Peligrosidad: Ninguna

Fecha implantación de recuerdos: 10—10—2002

Nombre: Víctor ocho

Estado: Desarrollo

Tratamiento: Pruebas de habilidad

Habilidades: Elasticidad de los músculos

Peligrosidad: Baja

Fecha implantación de recuerdos: 3—2—2003

Nombre: Víctor nueve

Estado: Desarrollo

Tratamiento: Observación

Habilidades: Sentido del radar

Peligrosidad: Ninguna

Fecha implantación de recuerdos: 11—12—2003

Nombre: Víctor diez

Estado: Desarrollo

Tratamiento: Observación

Habilidades: Regeneración de tejidos

Peligrosidad: Ninguna

Fecha implantación de recuerdos: 5—5—2004

Nombre: Víctor once

Estado: Iniciado

Tratamiento: Observación

Habilidades: Conocimientos avanzados sin aprendizaje

Peligrosidad: Ninguna

Fecha implantación de recuerdos: 7—9—2004

Nombre: Víctor doce

Estado: Iniciado

Tratamiento: Potenciador una vez al día y regenerador dos veces al día

Habilidades: Degeneración del tejido

Peligrosidad: Ninguna

Fecha de implantación de recuerdos: 1—3—2005

Nombre: Víctor trece

Estado: Iniciado

Tratamiento: Tranquilizantes tres veces al día

Habilidades: Fuerza superior

Peligrosidad: Media

Fecha implantación de recuerdos: 3—4—2005

Nombre: Víctor catorce

Estado: Iniciado

Tratamiento: Observación

Habilidades: Ninguna

Peligrosidad: Ninguna

Fecha de implantación de recuerdos: 7—6—2005

Los quince Víctor han registrado todas las habitaciones de control en donde se encontraban ellos, y las cinco restantes que parecen ser habitaciones de descanso del personal de la planta. Lo único que queda por hacer es coger el ascensor y registrar ahora otra planta. Como son muchos para entrar, deciden separarse en dos grupos y, visto que hay dos plantas más que registrar, cada grupo buscará una. Los Víctor del uno al ocho son los primeros en ir, su destino la planta dos.

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PRIMERA PARTE

VÍCTOR

Despierta. Abre los ojos lentamente, con trabajo. ¿Ya es la hora de ir a trabajar? No, no está en su casa. ¿Dónde se encuentra?         

       —El sujeto ha despertado, repito, el sujeto ha despertado.

—Ya era hora —dice el doctor García–. Lleva dos días durmiendo. Avisen al doctor Pérez, no sabemos cómo puede reaccionar —dice el doctor Izquierdo.

       Esa no es su cama, no es su habitación. De hecho, no sabe dónde está ni cómo ha llegado ahí. ¿Es acaso un sueño?, ¿sigue dormido todavía?

       —Doctor Pérez —comienza el enfermero Gutiérrez—. El sujeto ha despertado.

—De acuerdo —le responde el doctor Pérez—, voy enseguida para allá, no hay tiempo que perder, no sabemos cómo puede reaccionar.

       La habitación en la que se encuentra está perfectamente iluminada por lámparas halógenas. Las paredes pintadas enteramente de blanco dotan al lugar de un aspecto parecido a una celda de manicomio.

       El doctor Pérez recorre los pasillos de la instalación con la máxima celeridad, a sabiendas de la importancia que tiene el sujeto que ahora obra en su poder. No es el primero, pero sí es el más especial.

       Víctor no puede ver nada más en la habitación aparte de la cama donde descansaba y una mesa con un par de sillas en la esquina. Está muy desconcertado y comienza a preocuparse.

       Por fin, el doctor Pérez llega a la habitación donde se encuentra el sujeto. Dando la orden al vigilante de seguridad que allí se ubica abre la puerta y entra en la sala. Allí puede verle de pie, confuso, desorientado.

       En ese momento Víctor ve cómo, lo que parecía ser una parte más de la pared se abre como si fuera una puerta y, tras la sorpresa inicial, aparece un hombre joven, vestido con bata blanca y con barba afeitada portando un bloc de notas y un bolígrafo.

       —Buenos días —dice el doctor Pérez—. Me alegro de verle en tan buen estado—. Dirigiéndose hacia él le invita a sentarse en una de las sillas que flanquean la mesa y, colocándose en la de enfrente, añade –En los dos últimos días temíamos por su salud.

       —¿Dónde estoy? —pregunta Víctor.

       —Está usted en el centro de control de enfermedades

       —¿Me sucede algo? —pregunta Víctor preocupado.

       —Eso estamos investigando. ¿Se acuerda de lo que hizo hace dos días?

       —No sé ni cómo he llegado aquí.

       —Nosotros le trajimos, le encontramos en la calle en estado grave ¿De verdad no recuerda nada de lo que hizo hace dos días?

       —No, lo último que sé es que volvía a casa del trabajo.

       —¿En qué trabaja, Víctor?

       —Soy contable, ¿por qué? ¿Tiene algo que ver con esto? —pregunta Víctor intrigado.

       —No, nada, solo curiosidad —responde el doctor Pérez, que prosigue—. ¿Ha notado usted en los últimos días algo extraño? ¿Alguna reacción extraña de su cuerpo? No sé, lo que sea.

       —No que yo sepa, ¿algo en concreto que usted sepa?

       —Verá Víctor, todavía es pronto para revelar todos los detalles, lo único que le puedo contar es que le hemos hecho unas pruebas, entre ellas un análisis de sangre y un test neuronal, y hemos constatado que posee una actividad, tanto neurológica como de glóbulos blancos superior a lo normal.

       —¿Y eso qué quiere decir doctor?

       —No lo sabemos todavía, para eso ha de permanecer aquí en observación un tiempo y hemos de realizar más pruebas ¿Lo entiende verdad?

       —Sí, por supuesto, lo que sea con tal de curarme. Una cosa, por favor debo avisar a mi novia. Debe estar muy preocupada.

       —No se preocupe lo haremos nosotros.

       Dicho esto el doctor Pérez se levanta y, despidiéndose de Víctor, abandona la habitación. Víctor se queda solo. Asustado y confuso se tumba en la cama y trata de descansar.

       El doctor Pérez se encamina a la sala de reunión con cierta celeridad para compartir con sus colegas la información que posee. Una vez allí toma asiento, y, junto a los doctores García e Izquierdo, pone en común sus pensamientos.

       —¿Cómo se encuentra el sujeto quince, doctor Pérez?

       —Perfectamente doctor García, todo ha salido como esperábamos. Cree que volvía del trabajo cuando se desmayó y lo trajimos aquí, y no solo eso, me ha dicho que avisáramos a su novia para decirle que está bien.

       —O sea, que la operación fue un éxito.

       —Eso parece, sí.

       —Entonces hemos de pasar a la fase dos, solo tenemos que observar y analizar sus habilidades —dice el doctor García.

       —¿Qué tipo de habilidades creen que puede desarrollar? —pregunta el doctor Izquierdo.

       —No sé, supongo que al haberle aumentado la actividad cerebral a lo mejor es capaz de influir en objetos o algo por el estilo.

       —¿Estás sugiriendo que podría desarrollar telequinesia?

       —¿Tan extraño te parecería? —pregunta el doctor Pérez —. Sabes que tenemos casos más asombrosos como el del sujeto diez.

       —Sí, en eso tienes razón.

       —¿Qué tratamiento sugiere doctor Pérez?

       —Lo más adecuado es continuar con el actual. Por la noche mientras duerma le administraremos otra dosis.

       —¿No será demasiado? Si aumentamos mucho su capacidad cerebral a lo mejor no sobrevive —comenta el doctor García.

       —Sobrevivirá, ya hemos tenido suficientes fracasos, presiento que éste es el definitivo. Si te fijas, cada nuevo sujeto es mejor que el anterior.

       —Eso es innegable.

       —Bueno caballeros, si no hay más cuestiones que tratar les emplazo a la próxima reunión pasado mañana —dice el doctor Pérez.

       Dicho esto los tres doctores se levantan y abandonan la sala cada uno por su lado. El doctor Pérez se dirige a su habitación, la cual se localiza en el complejo como la de todos los trabajadores de El centro de control de enfermedades. Sin embargo, antes de llegar a ella el enfermero Díaz le detiene en el pasillo.

       —Doctor Pérez, un segundo.

       —¿Qué ocurre?

       —El sujeto cinco está sufriendo convulsiones, señor.

       —¿Qué ha sucedido?

       —Mientras probábamos sus capacidades se despertó y…

       —¡Se despertó! —grita el doctor Pérez—. No puede despertarse un sujeto mientras utilizamos sus habilidades. Puede echar a perder todo el experimento. Si es consciente de sus habilidades no podremos detenerlo.

       —Lo sé doctor, fue un error en la anestesia.

       —Me encargaré del culpable cuando todo esté solucionado.

       En tan solo un momento el doctor Pérez llega a una habitación exactamente igual a la de Víctor y, allí, tras abrir la puerta, accede al lugar donde se encuentra el sujeto cinco que está siendo sujetado por dos enfermeros.

       —¡Suéltenlo! —grita enfurecido el doctor Pérez—. Si su temperatura cambiase bruscamente podrían morir.

A la orden del doctor los enfermeros sueltan al sujeto cinco, y este se acurruca en el suelo. El doctor Pérez saca de su bolsillo una aguja y, tras prepararla le inyecta su contenido en el brazo al sujeto. Éste grita de dolor, y, tras unos segundos se queda dormido. El doctor Pérez comienza a dar órdenes inmediatamente.

—Subidle a la cama y acostadle. Recoged todo, que se quede como antes. Traedme el controlador del sujeto cinco.

Media hora más tarde el doctor Pérez se encuentra al otro lado de la habitación esperando a que el sujeto despierte. Observándole a través del falso cristal de la pared. En ese momento un enfermero entra en la sala donde está el doctor, y este último le dice:

—Tome, devuelva el controlador del sujeto cinco a su sitio. Y quiero que el anestesista se persone mañana en salidas.

—Sí, señor.

Dicho esto, el doctor Pérez continúa observando al sujeto durante más de tres horas hasta que este finalmente despierta. Entonces el doctor coge su bloc de notas y un bolígrafo, y entra en la habitación.

—Buenos días —dice el doctor—. Me alegro de verle en tan buen estado. En los dos últimos días temíamos por su salud.

—¿Dónde estoy? —pregunta el sujeto.

—Esta usted en el centro de control de enfermedades. Estamos investigando ya que le encontramos tirado en la calle hace dos días. ¿Recuerda algo?

—No, lo último que recuerdo es que volvía a casa del trabajo.

—¿En qué trabaja Víctor? —interrumpe el doctor Pérez.

—Soy contable.

—Bien, verá, le voy a contar lo que va a pasar. Creemos que puede tener usted una enfermedad de la piel bastante grave por lo que debe pasar unos días en observación mientras le hacemos unas pruebas ¿Lo entiende verdad?

—Sí, solo que tengo miedo.

—Es normal, pero no se preocupe, todo va a salir bien.

—Una cosa doctor —dice Víctor.

—Quiere que avisemos a su novia ¿no es así? —interrumpe el doctor anticipándose a la pregunta de su paciente.

—Sí, si no le importa.

—En absoluto.

—Nos vamos a casar ¿sabe?

—Lo harán, no se preocupe—. Cada vez añaden algo —piensa para sus interiores el doctor mientras abandona la habitación.

Ya en la sala adyacente le dice a un enfermero —Manténgalo en observación, ya estoy harto de repetir siempre la misma historia.

El doctor Pérez se dirige a su habitación con el firme propósito de descansar un poco. El hecho de ser el máximo responsable del proyecto hace que cada avance, cada problema, cada suceso, le tenga que ser informado en el momento en que se produce. El trabajo que aquí realizan es el más importante en la historia de la ciencia sin ningún tipo de dudas, y es necesario que sea el personal más cualificado el que se encargue de realizarlo. El doctor Pérez siempre ha brillado dentro de la comunidad científica. Sus logros en materia de genética le llevaron hace siete años a quedarse a las puertas del Nobel. Sin embargo, un accidente de coche acabó con su vida hace cinco. Eso fue lo que trascendió a los medios y el mundo entero. Fue entonces cuando comenzaron a trabajar en el proyecto Víctor, y era imprescindible para el futuro del mismo que todos los implicados estuviesen oficialmente muertos para poder desarrollar su trabajo sin trabas. Lo que están haciendo no es legal en ningún país, y, aunque recibían dinero del gobierno debido a una serie de argucias y tapaderas, este no sabía de la existencia del proyecto.

El complejo donde se desarrolla el proyecto se ubica bajo tierra, enterrado a los pies de una planta de residuos, o lo que queda de ella, puesto que hace tiempo que fue abandonada y ahora no queda más que una serie de salas individuales y piscinas de basura. Están ocultos a la vista de todos. Los trabajadores involucrados, desde el doctor Pérez hasta el último enfermero, no pueden abandonar el complejo bajo ningún concepto, entre otras cosas, porque se supone que están muertos. Y en el caso de que alguien quiera hacerlo o se jubile se procede a borrarles la memoria y a dotarles de una nueva identidad en otro país. Todos asumen que entrar a trabajar aquí les supone una dedicación absoluta y un sacrificio máximo en detrimento de sus vidas. Y es que todo está calculado al milímetro, hasta esta noche.

El doctor Pérez llega finalmente a su habitación y, acostándose en su cama se dispone a dormir un rato. Su habitación es tan austera como las del resto de residentes. Lo único que destaca por encima del blanco de las paredes, es una gran cristalera situada frente a la cama tras la cual puede contemplarse un pequeño jardín artificial. Es la única nota de color, no solo en las habitaciones, también en todo el recinto, donde todas las paredes son blancas y existen normas de vestuario. Estas obligan a todos los médicos a llevar batas blancas, así como el pelo corto y la barba afeitada. Los enfermeros sin embargo van vestidos con monos, de color blanco, por supuesto, y siguen las mismas normas en cuanto al pelo y la barba. La única nota de color en todo el complejo procede del negro de los uniformes de los encargados de la seguridad. Sin embargo, no son muchos en el centro, apenas diez, por lo que casi siempre el color blanco es el más visto por los residentes. Esta disciplina casi militar y, en alguna ocasiones fascista, es necesaria para poder llevar un perfecto control de todo y no dejar nada al azar. Todo está calculado al milímetro, hasta esta noche.

Cuando la alarma se dispara el doctor Pérez aún no ha entrado en fase REM por lo que el estruendo del sonido provoca que salte de la cama como impulsado por un muelle. La alarma es sinónimo de problemas, de alguno muy gordo. Desde que Pérez trabaja aquí, es decir, desde el principio, solo una vez sonó la alarma como esta noche, y fue un simulacro hace tres años. Obviamente el doctor se teme lo peor, que les han descubierto o que se ha escapado algún interno, o algo así. Nada más lejos de la realidad.

El doctor Pérez sale inmediatamente de la habitación, y, deteniendo a un enfermero que corre en dirección contraria a la suya le pregunta:

—¿Qué está pasando?

—No lo sé exactamente, por lo que he podido oír, ha habido un incidente con el sujeto quince.

—Bien, voy hacia allí, usted llame a todos los miembros de seguridad y cuénteles lo sucedido.

Dicho esto el doctor corre en dirección a la habitación de Víctor temiéndose lo peor. Ha sido el último en llegar y, al parecer, el más perfecto de todos. Es normal que los primeros días los sujetos experimenten cambios debido a su organismo único, pero nunca pasan de simples ataques de pánico. De camino al lugar indicado por el enfermero el doctor Pérez se cruza con dos enfermeros que corren en dirección contraria. Cuando están a su altura este les detiene y les pregunta:

—¿Qué sucede? ¿Por qué no vais a la habitación del sujeto quince?

—El sujeto ha escapado doctor, se ha vuelto loco. Todo el que se ha cruzado en su camino ha muerto.

—¿Cómo? No es posible, no tiene esas habilidades. De hecho, no debería poder usarlas todavía ¿Y los inhibidores?

—No ha dado tiempo a inyectárselos doctor.

Consternado por lo que acababa de oír, el doctor Pérez se dirige corriendo hacia el lugar de los hechos mientras escucha de fondo los gritos de los enfermeros pidiéndole que no vaya, que huya, o morirá.

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