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IV

Han pasado quince días viviendo en una ciudad vacía. Sobre el edificio del control de enfermedades encontraron construida una ciudad llena de edificios, comercios, infraestructuras y vehículos. Todo vacío. Desde el mimo momento en el que los quince Víctor subieron en el elevador han estado solos explorando esta ciudad, sin abandonar sus limites porque tampoco han sido capaces de descubrir cómo hacerlo.

Grandes muros rodean la ciudad aislándola sin una salida aparente. En su interior cuatro barrios principales conforman la estructura de la urbe, cada uno diferenciado de los otros. Ha sido como vivir en una ciudad fantasma. Alimentándose de conservas y cocinando alimentos que han encontrado por todas partes han sido capaces de vivir con comodidad. Han dormido en camas dentro de edificios, pero no han sido capaces de encontrar un solo registro, un solo documento o un solo alma al que preguntar. Las calles vacías, sin dar la impresión de que alguien ha vivido allí alguna vez. El silencio es todo lo que se puede apreciar.

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III

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La alarma se encendió hacía cinco minutos, el tiempo que ha tardado el doctor Pérez en bajar de su habitación en el ala oeste del complejo a la habitación del sujeto XV. Al llegar allí comprueba lo que se temía: el sujeto ha escapado. En su interior dos enfermeros muertos que presentan síntomas de haber fallecido por heridas internas. Quizá la solución final que le administraron había dado resultado, piensa el doctor.

El protocolo es claro. En el momento en que se encienden las alarmas se produce un cierre del complejo que solo puede abortarse desde la sala de control. Al mismo tiempo, un grupo de llamados “limpiadores” accede al complejo a través del elevador central para eliminar cualquier posible contaminación. Este cuerpo de seguridad forma parte de Control y solo actúan en caso de fuga de uno de los sujetos. Hasta el momento no se habían desplegado.

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Han pasado dos horas desde que el doctor Pérez abandonó la sala y Víctor no ha parado quieto en todo ese tiempo pensando y tratando de recordar algo más concreto acerca de lo sucedido la última noche. Ha resultado imposible, no es capaz de recordar ni aspectos básicos de su vida. Solo sabe que tiene una novia, su número de teléfono y su propio nombre. En ese momento dos enfermeros entran en la habitación. Le indican que se siente en la cama para inyectarle un antibiótico. Una vez inyectado dejan la habitación sin mediar palabra y Víctor comienza a experimentar una sensación de sueño muy fuerte.

Cuando vuelve a abrir los ojos se asusta sobremanera. Se encuentra en la cama, pero ya no está solo. Los cuerpos de los dos enfermeros yacen a sus pies y salpicaduras de sangre se encuentran decorando varias partes de la blanca habitación. Su primera reacción es levantarse de la cama y dirigirse a la esquina opuesta de la habitación. Una vez asimilado que los enfermeros no se volverán a levantar se da cuenta de que la puerta está abierta. Puede salir de allí y buscar respuestas. Sus movimientos son lentos pues todavía tiene miedo de encontrar algo al otro lado, sin embargo, no hay nada. La habitación contigua está vacía con la puerta abierta. Sale al pasillo circular y entonces ve una señal luminosa a lo largo del mismo. Sin sonido. Es como una alarma silenciosa, solo el rojo de la luz intermitente interrumpe el blanco inmaculado del pasillo. Piensa que ha debido suceder algo muy malo, quizá la propagación del virus del que hablaba el doctor por lo que lo primero que se pasa por su mente es escapar de allí y después buscar respuestas.

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Cuando me despierto no consigo reconocer nada de lo que veo. La habitación en la que me encuentro es completamente blanca, similar a un hospital. La cama en la que estaba acostado está hecha por lo que deduzco que he dormido encima, con la ropa puesta. No es la que suelo utilizar ni para trabajar sino un mono blanco que me hace sospechar de que me encuentro en alguna especie de centro médico. La habitación no es grande, apenas tiene una mesa y dos sillas además de la cama y no hay nada más a la vista,; ropa, bolsas o cualquier otro tipo de objeto o armario. Ni siquiera se distingue una puerta por la que acceder. El silencio es total. No sé cómo he llegado aquí ni qué me ha sucedido. Intento pensar en lo último que recuerdo, pero no tengo una imagen clara. Ni siquiera puedo recordar qué día es.

En ese momento se abre una puerta disimulada en la pared. Nadie que no conociese la existencia de la misma podría percatarse de su ubicación. A través ella entra un hombre de mediana edad, 180cm aproximadamente, ataviado con una bata de médico y una carpeta llena de folios que sobresalen. Se acerca a la mesa y se sienta invitando al ocupante de la habitación a hacer lo propio en la silla de enfrente. Lo hace sin hablar, solo señalando, pero de forma tranquila como si tuviese completo control de la situación. Una vez el confundido hombre se sienta el médico comienza a hablar:

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Así comienza Sujeto cero:

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Cuando me despierto no consigo reconocer nada de lo que veo. La habitación en la que me encuentro es completamente blanca, similar a un hospital. La cama en la que estaba acostado está hecha por lo que deduzco que he dormido encima, con la ropa puesta. No es la que suelo utilizar ni para trabajar sino un mono blanco que me hace sospechar de que me encuentro en alguna especie de centro médico. La habitación no es grande, apenas tiene una mesa y dos sillas además de la cama y no hay nada más a la vista,; ropa, bolsas o cualquier otro tipo de objeto o armario. Ni siquiera se distingue una puerta por la que acceder. El silencio es total. No sé cómo he llegado aquí ni qué me ha sucedido. Intento pensar en lo último que recuerdo, pero no tengo una imagen clara. Ni siquiera puedo recordar qué día es.

En ese momento se abre una puerta disimulada en la pared. Nadie que no conociese la existencia de la misma podría percatarse de su ubicación. A través ella entra un hombre de mediana edad, 180cm aproximadamente, ataviado con una bata de médico y una carpeta llena de folios que sobresalen. Se acerca a la mesa y se sienta invitando al ocupante de la habitación a hacer lo propio en la silla de enfrente. Lo hace sin hablar, solo señalando, pero de forma tranquila como si tuviese completo control de la situación. Una vez el confundido hombre se sienta el médico comienza a hablar:

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Se está cuajando una continuación de 213. ¿Os gustaría poder ir leyendo poco a poco a través de facebook o del blog? Se admiten ideas y sugerencias.